Se presentó el «Atlas de Inteligencia Artificial para el Desarrollo Humano». Durante el encuentro, se debatió sobre la delgada línea que separa la conectividad de la adicción y la urgencia de reconstruir un sistema de salud mental integrado a la innovación tecnológica.
La tecnología no es neutral, y su avance redefine constantemente los límites de nuestra subjetividad. En este contexto, se presentó el Atlas de Inteligencia Artificial para el Desarrollo Humano, una obra coordinada por Gustavo Beliz que se propone mapear el impacto de la IA en ejes críticos: cambio climático, gestión pública, empleo y, fundamentalmente, salud mental.
El evento, organizado por la Fundación FNGA y la Fundación del Diario La Capital, contó con la participación de Matías Dalla Fontana, referente de nuestra fundación y especialista en el tratamiento de depresiones, adicciones y psicosis. Su intervención puso el foco en una problemática creciente: cómo habitar el caos de la transición digital sin perder el eje humano.



Hacia un modelo de eficiencia con rostro humano
Para Dalla Fontana, la crisis actual no es solo tecnológica, sino de infraestructura social. En un sistema de salud que atraviesa dificultades, la irrupción de la IA presenta tanto riesgos de alienación como oportunidades de optimización.
«Es fundamental lograr eficiencia económica con calidad y accesibilidad para poblaciones vulnerables», enfatizó Dalla Fontana durante su exposición.
El planteo central giró en torno a la necesidad de que las nuevas empresas tecnológicas adopten un modelo humanista. No se trata sólo de innovar, sino de entender el impacto psíquico de las herramientas que se diseñan.







